Un estudio realizado por la doctora Johanna Dunaway y el también doctor en Ciencias Políticas Stuart Soroka en 2019, ha demostrado que ‘Las pantallas del tamaño de un teléfono inteligente limitan el acceso cognitivo a las noticias de video’.


En el experimento se escogieron tamaños de vídeo que variaban de las 13” de ancho, un monitor, a las 5” de una Tablet, algo más grande que la de un móvil.


Para medir la atención de una muestra aleatoria de siete noticias en formato vídeo, se controló la frecuencia cardíaca y la conductancia de la piel. Los resultados indicaron que una reducción de la pantalla disminuye también la capacidad de atención.


Las conclusiones del estudio indican que ver la televisión en una pantalla más grande nos ayuda a prestar más atención a las noticias, advirtiéndose una dejación o pasividad ante eventos clave de la actualidad, con el uso masivo del teléfono móvil como forma muy extendida de ver las noticias.


Lo más lógico es pensar que el nivel de atención que prestemos a una noticia vendrá marcado por el interés de la misma, pero no, está más relacionado por el tamaño de la pantalla, si está editada en el formato correcto dependiendo del consumidor y del tiempo que llevemos conectados en el momento de ver esa noticia puntual.


En cuestión de atención el formato video supera a las fotos o ediciones escritas, y las pantallas grandes a las pequeñas; lo que significa que una misma noticia emitida de forma idéntica en dos medios distintos (móvil o televisor convencional) será interpretada de forma diferente.


Más formato móvil, mayor desinterés, combatir la pasividad con ediciones más agresivas


Las productoras y los medios hemos tenido que combatir este problema con el incremento de la agresividad en la forma de editar y publicar sus noticias. Poca censura, mostrarlo todo, sin excepción, montajes muy impactantes, uso de mayúsculas en los titulares o rótulos, etc.


Es importante producir contenidos adaptados para poder captar la atención del espectador, sabiendo muy bien el formato en el que nuestro público objetivo lo va a consumir. Saber diferenciar y tener claro qué va a las redes sociales, a cuál va dirigido específicamente, o si es para emitir en la televisión convencional.
Un error de cálculo puede suponer no llegar a nuestro target, no tener penetración alguna, y fracasar en nuestra comunicación.